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Lou Gehrig (1)

Photo Credit via: pixabay cc

Lou Gehrig nació el 19 de Junio de 1903 en Yorkville, Manhattan (Nueva York) y se convirtió en una leyenda del Baseball, pero desgraciadamente, también, acabó dándole nombre a una enfermedad.

Lou Gehrig nació en el seno de una familia pobre y fue el único de los cuatro hijos de Heinrich y Christina (inmigrantes alemanes en Nueva York) que llegó a la edad adulta. Quizás, por ello, su madre hizo todo lo posible por que su hijo tuviera una buena educación y siempre le ayudó con el deporte (desde pequeño, Lou mostraba grandes dotes para el fútbol americano y baseball).

Tan es así, que el joven Lou entró en la Universidad de Columbia para estudiar ingeniería y, además, consiguió formar parte del equipo de fútbol americano de la universidad y, también, del de baseball. Este último deporte es el que le llevó a acabar firmando un contrato con los New York Yankees. Los tiempos de pobreza para él y sus padres habían acabado.

Las dos aspirinas más caras de mi vida

Historial de la aspirina (3)

Photo Credit via: pixabay cc

Era el año 1925 y, el ya veterano Wally Pipp (jugador de primera base), pedía el cambio por culpa de un dolor de cabeza. Viendo la fuerza y destreza de Lou, Wally Pipp acabaría reconociendo el gran potencial de quien le acababa de sustituir y acabaría por reconocer que habían sido “las dos aspirinas más caras de mi vida“.

Lou llevaba el dorsal número 4 por ser el cuarto bateador y, junto con su compañero de equipo Babe Ruth, formaba un tándem incomparable. Lou era muy introvertido y de carácter humilde y, quizás por ello, le costaba hacer amigos dentro del vestuario, sin embargo, su constancia y capacidad para jugar con altísimo dolor hizo que ganara el respeto de sus compañeros que lo acabarían bautizando como “el caballo de hierro”.

Un malentendido con Ruth, haría que no se dirigieran la palabra hasta 1939, sin embargo, la dupla seguía su ritmo imparable hasta la retirada de Ruth, momento en el que Lou Gehrig se convertiría en la estrella de los Yankees hasta la llegada de Joe DiMaggio.

Lou Gehrig acabó consiguiendo el récord de jugar 2.130 partidos de forma consecutiva. De hecho, jugó todos los partidos desde que sustituyó a Wally Pipp hasta que, en 1939, decidió retirarse tras haber tenido un inicio de temporada horrible.

Algo no va bien

Lou Gehrig (2)

Photo Credit via: pixabay cc

A finales de 1938, Lou sabía que había algo que no iba bien. Tal y como le comentó a su mujer, la fuerza en las piernas había disminuido mucho y, tareas tan sencillas como atarse los cordones de los zapatos, empezaban a ser un problema.

Durante 1939, apenas participaba en los partidos y cuando lo hacía, era una dificultad tan grande como para recibir el reconocimiento de varios jugadores tras realizar con gran esfuerzo una carrera ordinaria. Algo pasaba y no podía ser que se iba haciendo mayor. Pocos meses después, y tras pasar por la Clínica Mayo, se le diagnosticaba Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) y se le daba una esperanza de vida de 3 años. Poco después y, debido a la forma de referirse a la enfermedad por parte del público, la ELA también se conocería como “la enfermedad de Lou Gehrig”.

El 2 de mayo, jugaban los Yankees en el estadio de Detroit Tigers, Lou Gehrig, como capitán del equipo presentaba la alineación. El locutor anunciaba los jugadores que iban a formar parte del equipo y, tras ver que Lou no aparecía en la lista, anunciaba lo siguiente: “Damas y caballeros, estas es la primera vez en 2.130 partidos consecutivos que el nombre de Lou Gehrig no aparece en la alineación”. El estadio acabaría poniéndose en pie para darle una merecida ovación.

Lou Gehrig: “Soy el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra”

Era el 4 de julio de 1939 y el estadio de los Yankee presentaba un lleno hasta la bandera. Los New York Yankees habían organizado un evento conmemorativo en su honor. Alrededor del montículo del “pitcher” (lanzador) había dos filas formadas por los jugadores del equipo. En el centro, sobre el montículo, Lou Gehrig recibía los trofeos y detalles que sus compañeros, directivos del equipo y de la Major League Baseball le entregaban e, inmediatamente, los dejaba sobre el suelo por no tener fuerzas para poder sostenerlos. Lou estaba emocionado y apenas podía contener las lágrimas, pero se acercó al micrófono y dirigió estas palabras:

“Fans, for the past two weeks you have been reading about the bad break I got. Yet today I consider myself the luckiest man on the face of this earth. I have been in ballparks for seventeen years and have never received anything but kindness and encouragement from you fans.

When you look around. Wouldn’t you consider a privilege to associate yourselves with such a fine looking men as standing in uniform in this ballpark today?

Look at these grand men. Which of you wouldn’t consider it the highlight of his career just to associate with them for even one day? Sure, I’m lucky.

Who wouldn’t consider it an honor to have known Jacob Ruppert? Also, the builder of baseball’s greatest empire, Ed Barrow? To have spent six years with that wonderful little fellow, Miller Huggins? Then to have spent the next nine years with that outstanding leader, that smart student of psychology, the best manager in baseball today, Joe McCarthy? Sure, I’m lucky.

When the New York Giants, a team you would give your right arm to beat, and vice versa, sends you a gift – that’s something. When everybody down to the groundskeepers and those boys in white coats remember you with trophies – that’s something. When you have a wonderful mother-in-law who takes sides with you in squabbles with her own daughter – that’s something. When you have a father and a mother who work all their lives so you can have an education and build your body – it’s a blessing. When you have a wife who has been a tower of strength and shown more courage than you dreamed existed – that’s the finest I know.

So I close in saying that I may have had a tough break, but I have an awful lot to live for.”

“Fans, durante las dos últimas semanas habréis oído que no lo he pasado bien. Sin embargo, hoy siento que soy el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra. Durante 17 años, he estado en multitud de campos de baseball y siempre he recibido gestos de cariño y ánimo de vosotros los fans.

Mirad a mi alrededor. ¿No creéis un privilegio poder asociaros con unas personas tan maravillosas como las que llevan uniforme hoy en este campo de baseball?

Mirad a estas grandes personas. ¿Quién de vosotros no pensaría que está en lo más alto de su carrera tan sólo por asociarse con ellos aunque fuera por un día? Soy afortunado, seguro.

¿Quién no consideraría un honor haber conocido a Ruppert?, ¿o al creador del imperio más grande del Baseball, Ed Barrow?, ¿o haber pasado seis años con ese magnífico personajillo, Miller Huggings?, ¿y haber pasado los siguientes 9 años con un líder destacado, ese estudiante de psicología tan inteligente, el mejor director en el baseball de hoy, Joe McCarthy? Soy afortunado, seguro.

Cuando los New York Giants, un equipo por el que darías tu brazo derecho por ganarle y viceversa, te envía un regalo, eso es especial. Cuando todo el mundo, desde los jardineros hasta los chicos de las batas blancas te conmemoran con trofeos, eso es especial. Cuando tienes una suegra que incluso se pone de tu parte cuando tienes alguna diferencia con tu mujer, eso es especial. Cuando tienes un padre y una madre que han dado su vida por que tengas una educación y puedas cuidar tu cuerpo, es una bendición. Cuando tienes una mujer que ha sido una fortaleza y ha demostrado más valentía de lo que jamás pensaste que existiera, eso es lo más hermoso que conozco.

Así que, querría concluir que he pasado un mal momento, pero tengo muchísimo por lo que vivir”.

Al acabar el discurso, Babe Ruth se fundía en un emotivo abrazo con Lou Gehrig.

Sus últimos días

Tras su retirada, la Major League Baseball, le incluyó en The Hall of Fame (reconocimiento máximo para un jugador de baseball) y los New York Yankees retiraron el dorsal número 4 en su honor.

Durante el año siguiente, Lou Gehrig se volcó realizando servicios de ayuda para la ciudadanía. Sin embargo, su estado había degenerado tanto y tan rápidamente, que en 1941 apenas podía escribir y, ni siquiera, hablar. El 2 de junio de 1941, Lou Gehrig fallecía mientras dormía en su casa de Nueva York.

 Fuentes: 

http://www.biography.com/people/lou-gehrig-9308266#synopsis

http://baseballhall.org/discover/lou-gehrig-luckiest-man

http://baseballhall.org/hof/gehrig-lou

http://libertyvalance-elviskenpo.blogspot.com.es/2013/03/lou-gehrig-el-caballo-de-hierro_7.html

Photo Credit Top Picture via pixabay cc 

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