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“Si no notas que te abrazo, que te abrace, al menos, mi idea de querer hacerlo” F.Pinto

Más bien se trata de un día cualquiera, de un momento roto o de un instante completamente aislado de la línea del tiempo, la que creía haber aprendido a abordar con determinación, e incluso me atreví a llamar vida.

Durante aquél día, cualquier esfuerzo por encontrar el recurso que resolviera lo desagradable y frío de aquél instante o que, por lo menos, fuera capaz de mantenerlo bajo control, sería un esfuerzo en vano. No existe criterio ni juicio alguno para afrontar una noticia así y querer señalar o responsabilizar a algo, pese a parecer el primero de los intentos por encontrar una explicación o sentido lógico, lo hace todavía más absurdo. Por primera vez, nada de lo adquirido sirve, pues nada de lo adquirido se le parece en lo más mínimo.

Se parecería a tocar un instrumento sin poder escucharlo. La música parecía haber parado e imposibilitado el baile, me encontraba fuera de lugar.

Debían ser las 3 de la madrugada, me iba a casa, estaba contento, preso de cierta euforia que, aun sin música, me empujaba a bailar. Decidí agarrarme a la amalgama de material reciclado en forma de persona que se exponía en Plaza Real, junto a otras 100 piezas igualmente construidas. Una exposición en forma de protesta a tamaño real que parecía estar denunciando la anestesia vital que inyectan las actuales sociedades de consumo en sus gentes.

Sociedades que parece que nos exijan medir, juzgar, eludir, conseguir o, simplemente, vivir bajo una homogeneidad impuesta en silencio, que algunos a penas pueden entender. Si hay que mirar su parte positiva, aquella madrugada podría escoger entre 100 parejas de baile, aptas para tal fin.

Pasamos nuestros días justificando, excusando o juzgando, opinamos y defendemos, eludimos o protestamos, seleccionamos, caracterizamos o encasillamos. Medimos constantemente para aprobar o dejar de hacerlo. Al fin, nos convertirnos en una especie de programa que va perfeccionándose constantemente, día tras día y experiencia tras experiencia. Un programa que se retroalimenta estandarizando lo que, en ocasiones, no se puede estandarizar. Únicamente se puede percibir y no hay lenguaje que lo explique. Uno tiene que volver a confiar en algo abstracto, algo que no conoce ni puede definir, algo que debe ser capaz de aterrizar, sin instrucciones.

Aquella tarde mi programa cayó, descubriendo ante mí, el final de una etapa, el final de todo un paradigma.

La primera y más importante de las virtudes de un paradigma es su capacidad para mutar, pero nos rehusamos a ello por desconfianza, miedo o inseguridad. Negar cualquier cambio o mutación de la realidad que creemos nos envuelve, provoca la deshidratación del paradigma en sí mismo, lo convierte en un desierto, en un lugar hostil en el que no hay nada, un lugar en el que la sed por entender primero y resolver después, se convierte en una doble tarea de igual intensidad: urgente e imposible.

Tras conocer la noticia del diagnóstico, absorto y sin poder procesar la información debidamente, corrí hacia el lugar que siempre había querido transgredir, el lugar que había querido someter a ese cambio que tanto nos cuesta hacer, pero tan fácil nos resulta exigir. Era un lugar en el que diseñaban la estructura del tiempo, siempre lineal, y lo proyectaban a largo plazo, en una relación directamente proporcional: a más proyección, más posibilidad de éxito. Era justo lo que necesitaba, salir con éxito de aquella situación. (continúa…)



He tenido que aprender a vivir muy bien  “¿Acaso existe otra manera de hacerlo?”
Economista-mediador de conflictos internacionales-escritor-lector-cinéfilo-cocinar-pescar-navegar-viajar-aprender-conocer personas-muy curioso-músico aficionado (guitarra y batería) – me encanta la política cuando existe, lamentablemente poco – ciclista – dormir en el coche – mantengo una relación directamente proporcional: mas buen humor contra más pronto me levanto: me encanta la mañana – Me encanta observar cómo lo haría un niño – Íntimo de mi fiel compañero de 4 patas Totó – comunicador – adicto a la razón (tengo que desengancharme ya!)

INDACEA es una asociación sin ánimo de lucro para la financiación de la investigación médica. El máximo objetivo de INDACEA es acelerar la obtención de tratamientos para las patologías que existan en el momento con la esperanza de beneficiar al máximo a los afectados por encima de cualquier otro interés. Creemos que, en la actualidad, la mejor forma de alcanzar nuestro máximo objetivo es la investigación médica y, por ello, la defendemos y fomentamos. Es decir, encontrar tratamientos, es nuestro objetivola financiación de la investigación médica, nuestra herramienta.

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Photo Credit Top Picture Dauvit Alexander via flickr cc

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