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mi enfermedad 3

Photo Credit via: pixabay cc

 

En un artículo anterior te contaba sobre las pistas que mi enfermedad me iba dando y, lo fácil que es darse cuenta ahora que tengo el diagnóstico, pero que entonces, cuando no sabía nada, lo justificaba pensando “estoy muy delgado…”.

Aún tenía 15 años cuando una hermana mía se iba a estudiar a otra provincia. Como su habitación era más grande, empecé a cambiar mis cosas allí. Teníamos una cadena con altavoces que se podían colgar en la pared. La habitación me iba a quedar “super-molona”, así que empecé a preparar las cosas, colgué un altavoz y, cuando estaba poniendo el segundo en una esquina de la pared y casi tocando el techo, ¡zas!, el hombro me falló y se me cayó el altavoz en la cabeza. Algo no cuadra, pero es que ¡estoy muy delgado…!

Unos meses más tarde, estaba en clase de Educación Física. Tocaba examen de pruebas físicas, en concreto, sprint de 50 metros y teníamos que utilizar tacos en la salida. En los deportes de balón (fútbol, por ejemplo), no se me solían dar mal. No era el mejor, ni mucho menos, pero como decía mi padre, tenía una técnica “aceptable” (eso dicho por él en temas futbolísticos era bueno, créeme). Sin embargo, en deportes de atletismo, solía ir bastante justito: Los sprint no se me daban bien y las pruebas de resistencia tampoco (sin embargo, luego me podía pasar 2 horas seguidas jugando un partido de fútbol).

Estoy muy delgado

Photo Credit via: pixabay cc

 

Ya era el turno de ponerme a hacer el sprint, así que me pongo en los tacos, me concentro y… – ¡Ya! – oigo que me dice la profesora. Reaccioné bien y salí sin problemas, pero a los 30-40 metros, noto que se me bloquea la pierna y cadera, el mundo me da la vuelta y aterrizo en el suelo (¿Te he dicho alguna vez que mi sueño era ser piloto? … 😉 …). Antes de que me diera cuenta, ya tenía a la profesora y varios compañeros de clase a mi alrededor.

  • ¿Qué ha pasado? – pregunté.
  • Que te has tropezado con esa línea – me respondió la profesora.

Era una línea pintada en el suelo…

Ese es uno de los últimos sprint que recuerdo. Desde esa edad, pasé a sólo poder trotar y, desde hace más de 15 años, ni éso. A partir del año siguiente, detecté que las cosas avanzaban un poco más. Por ejemplo, era mi último año antes de la universidad y ya no me sentía cómodo jugando al fútbol en posición de jugador, con lo que empecé a jugar de portero. Enseguida detecté que, para chutar, la pelota debía estar en movimiento, si estaba en parado, la pierna me fallaba. Poco a poco, te vas dando cuenta de que algo no va bien, pero es que ¡estoy muy delgado…!

 

 

 

Photo Credit Top Picture Dauvit Alexander via pixabay cc 

 

 

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